El año 2025 cerró con una cifra alarmante para la libertad de expresión: 129 periodistas y trabajadores de medios fueron asesinados en el mundo, el número más alto desde que el Comité para la Protección de Periodistas comenzó a documentar estos casos en 1992.
El dato no es menor. Significa que, en promedio, más de dos comunicadores fueron asesinados cada semana por ejercer su trabajo. De acuerdo con el informe del CPJ, 86 de esas muertes ocurrieron en el contexto de la guerra entre Israel y Gaza, y la mayoría de las víctimas fueron periodistas palestinos. Más de tres cuartas partes de los asesinatos se registraron en zonas de conflicto.
El reporte subraya que 2025 fue el segundo año consecutivo con cifras récord. La directora ejecutiva del organismo, Jodie Ginsberg, advirtió que los ataques contra la prensa son una señal clara de que otras libertades también están bajo amenaza. Cuando se silencia a periodistas, no solo se apaga una voz: se debilita el derecho de la sociedad a estar informada.
El documento también alerta sobre una tendencia preocupante: el uso creciente de drones como arma letal contra periodistas. Se documentaron 39 casos en 2025, la cifra anual más alta desde que comenzaron varios de los conflictos actuales. En Ucrania fueron asesinados cuatro periodistas; en Sudán, nueve. Aunque las cifras son menores que en Gaza, muestran un aumento respecto al año anterior.
Más inquietante aún es que 47 de los asesinatos fueron catalogados como “deliberados”, directamente vinculados con el trabajo informativo de las víctimas. En ninguno de esos casos se ha responsabilizado a alguien. El informe habla de una “persistente cultura de impunidad”, un patrón que envía un mensaje peligroso: matar periodistas no tiene consecuencias.
México aparece nuevamente en la lista. Al menos seis periodistas fueron asesinados en 2025, pese a contar con un mecanismo federal de protección. El propio informe señala que dicho sistema ha resultado insuficiente. Desde hace una década, el país registra al menos un comunicador asesinado cada año, una constante que mantiene encendidas las alertas sobre la seguridad de la prensa en un contexto marcado por crimen organizado y corrupción.
El reporte también documenta asesinatos en Filipinas y ejecuciones en regímenes autoritarios, como el caso del columnista Turki al-Jasser en Arabia Saudí. El patrón es claro: tanto en guerras abiertas como en países sin conflicto armado, la prensa enfrenta riesgos crecientes.
El CPJ pidió reformas profundas en la investigación de estos crímenes, la creación de un grupo internacional especializado y la imposición de sanciones para garantizar justicia. La organización fue enfática: la seguridad de los periodistas es clave para que la ciudadanía tenga acceso a información veraz y para sostener las libertades fundamentales.
En un mundo donde la desinformación y la polarización avanzan, el dato de 129 periodistas asesinados no es solo una estadística: es un termómetro del estado de la democracia global.
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