Por Juan Pablo Ojeda
La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, abatido el 22 de febrero de 2026 en un operativo federal en Tapalpa, Jalisco, no solo marcó el cierre de una larga persecución binacional; también volvió a poner bajo la lupa la estructura familiar que acompañó y fortaleció al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) durante años.
Detrás del liderazgo criminal existía una red de parentescos que combinó vínculos de sangre y alianzas estratégicas. La figura más relevante es su esposa, Rosalinda González Valencia, conocida como “La Jefa”. Originaria de Aguililla, Michoacán, e integrante de la familia González Valencia, también llamada “Los Cuinis”, fue señalada por autoridades mexicanas y estadounidenses como pieza clave en la estructura financiera del CJNG. Ha sido detenida en México en dos ocasiones por presunto lavado de dinero y delincuencia organizada, aunque en ambos casos obtuvo su libertad tras procesos legales controvertidos. En Estados Unidos permanece sancionada por la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC), dependiente del Departamento del Tesoro.
El vínculo entre “El Mencho” y los González Valencia consolidó una alianza que permitió al CJNG expandir operaciones financieras y comerciales, tanto legales como ilícitas, dentro y fuera del país. Uno de los nombres centrales de esa red es Abigael González Valencia, “El Cuini”, considerado por autoridades estadounidenses como operador financiero de alto nivel. Fue extraditado en 2025 a Washington D.C., donde enfrenta cargos federales por narcotráfico y lavado de dinero.
En el núcleo directo del líder del CJNG también destacan sus hijos. Rubén Oseguera González, “El Menchito”, nacido en California en 1990, fue identificado como uno de los principales herederos operativos del cártel. Tras varias detenciones y procesos judiciales, fue extraditado a Estados Unidos en 2020 y en marzo de 2025 recibió una condena de cadena perpetua más 30 años por tráfico internacional de drogas y uso de armas.
Su hermana, Jessica Johanna Oseguera González, “La Negra”, enfrentó cargos en Estados Unidos por su participación en empresas señaladas como parte de la red de lavado de dinero del CJNG. Fue detenida en 2020 en Washington D.C., se declaró culpable de delitos financieros y obtuvo su libertad en 2022 tras cumplir una sentencia reducida derivada de un acuerdo judicial.
Otra hija, Laisha Michelle Oseguera González, ha mantenido un perfil más discreto. Su nombre apareció públicamente en 2021 y posteriormente fue mencionada en investigaciones relacionadas con el secuestro de dos elementos de la Secretaría de Marina en Jalisco. Reportes indican que desde 2022 residiría en Estados Unidos, sin enfrentar cargos formales en ese país.
En cuanto a los hermanos de “El Mencho”, la estructura familiar también tuvo peso operativo. Antonio Oseguera Cervantes, apodado “Tony Montana”, fue señalado como responsable de logística y adquisición de armamento. Fue detenido en México y extraditado a Estados Unidos en febrero de 2026, donde enfrenta cargos por conspiración y narcotráfico.
Abraham Oseguera Cervantes, “Don Rodo”, ha sido identificado como operador logístico y presunto encargado de actividades financieras del grupo. Fue detenido en distintas ocasiones entre 2024 y 2025 en Jalisco, en medio de procesos judiciales marcados por liberaciones y recapturas derivadas de irregularidades procesales.
Otros integrantes de la familia ampliada, como Arnulfo González Valencia y Elvis González Valencia, también enfrentaron procesos en México por delitos relacionados con narcotráfico y lavado de dinero.
Desde una perspectiva política y de seguridad pública, el caso exhibe cómo el CJNG no solo se consolidó como una organización criminal armada, sino como una estructura familiar con control financiero, logístico y operativo distribuido entre parientes directos y políticos. La muerte de su líder abre interrogantes sobre la reconfiguración interna del grupo y el impacto que tendrá en la estrategia federal de seguridad.
Más allá de los nombres, el desafío para el Estado mexicano será evitar que estas redes familiares encuentren nuevos liderazgos y mantengan la capacidad operativa que durante años les permitió expandirse dentro y fuera del país.