Carlos Lara Moreno
El gobierno federal presentó una serie de cifras positivas en seguridad, comercio exterior, recaudación y precios de alimentos. El mensaje fue directo: México va mejor. Sin embargo, al revisar con lupa, aparecen contradicciones, omisiones y afirmaciones que requieren más contexto.
En materia de seguridad, la administración aseguró que el homicidio doloso cayó 41% entre septiembre de 2024 y marzo de 2026, pasando de 86.9 a 51.4 víctimas diarias. La tendencia a la baja existe y coincide con datos oficiales, pero el discurso simplifica el panorama.
El primer punto es la comparación: se toma como base el arranque del sexenio, lo que favorece políticamente el resultado. Si se midiera contra otros años o en tasas por población, la lectura podría cambiar. Además, un promedio nacional no significa que todo el país esté mejor. El propio gobierno reconoce que siete estados concentran la mitad de los asesinatos, lo que evidencia focos rojos regionales.
A esto se suma que los datos son preliminares y suelen ajustarse con el tiempo. Y en casos como Sinaloa, la explicación oficial se limita a atribuir la violencia a disputas entre grupos criminales, sin detallar qué falló ni cómo se corrigió.
En cuanto a operativos, el secretario de seguridad Omar García Harfuch reportó más de 149 mil detenidos desde octubre de 2024. La cifra es alta, pero abre preguntas clave: ¿cuántos fueron procesados?, ¿cuántos sentenciados?, ¿cuántos liberados por errores? Sin esa información, el número refleja actividad, pero no necesariamente resultados en justicia.
También existe un posible sesgo: se mezclan detenciones de alto impacto con arrestos menores, lo que infla el volumen sin aclarar su relevancia real en el combate al crimen.
Sobre el desarme voluntario, la Secretaría de Gobernación informó la entrega de más de 9 mil armas. Aunque es un avance simbólico, falta información clave: si eran funcionales, de qué tipo o si su retiro impactó en la reducción de delitos. Sin esos datos, el programa es difícil de evaluar más allá de su intención preventiva.
En carreteras, la Guardia Nacional reconoció problemas de inseguridad y anunció coordinación con transportistas. Sin embargo, el discurso se contradice: por un lado asume responsabilidad federal, pero por otro señala que ciertos delitos corresponden a estados y municipios. El resultado es un mensaje ambiguo, sin metas claras ni resultados verificables.
En el frente económico, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo afirmó que México está entre los diez principales exportadores del mundo. La afirmación es válida en ciertos rankings, pero depende de si se consideran bienes, servicios o ambos. También señaló que México es el principal exportador a Estados Unidos, lo cual ha sido cierto en algunos periodos, pero no es una condición permanente.
Otra simplificación aparece al hablar de la recaudación, que pasó de 4 a 6 billones de pesos. El aumento es real, pero no responde a una sola causa. Influyen factores como la inflación, el crecimiento económico, el consumo y una mayor fiscalización. Atribuirlo únicamente a decisiones de gobierno es una lectura incompleta.
Finalmente, en el tema de precios, la presidenta aseguró que no hay razón para que suba la tortilla porque el maíz está barato. Sin embargo, este argumento ignora otros costos clave como energía, transporte, salarios, renta e incluso factores de inseguridad. El precio final no depende sólo del grano.
Un ejemplo de esta simplificación es la comparación de precios del jitomate entre tiendas, sin considerar calidad, ubicación o logística. Más que evidencia, se trata de una anécdota.
En conjunto, el balance muestra una narrativa optimista respaldada por datos reales, pero presentada sin todos los matices necesarios. Y ahí es donde surge la tensión: entre lo que dicen las cifras y lo que realmente reflejan.