Por Bruno Cortés
En medio de un escenario donde el dinero cada vez alcanza menos, el diputado Alejandro Carvajal Hidalgo puso sobre la mesa una propuesta que, en términos simples, busca que el aguinaldo llegue completo al bolsillo de los trabajadores, sin descuentos por impuestos.
La iniciativa plantea reformar la Ley del Impuesto Sobre la Renta para que esta prestación quede totalmente exenta del ISR. Hoy en día, una parte del aguinaldo ya no paga impuestos, pero dependiendo del monto y del salario, otra parte sí se grava. Lo que se busca es eliminar ese cobro por completo.
¿Y por qué importa esto? Porque el aguinaldo no es un ingreso cualquiera: es una prestación clave que muchas familias usan para cerrar el año, pagar deudas o enfrentar la famosa cuesta de enero. En términos de política pública, la propuesta apunta a aumentar el ingreso disponible de los trabajadores sin necesidad de subir salarios directamente, algo que suele ser más complejo.
Carvajal argumenta que el contexto económico no ayuda. Factores como la inflación, el encarecimiento de la canasta básica y la volatilidad internacional han pegado al poder adquisitivo. En ese escenario, quitarle impuestos al aguinaldo funcionaría como un “respiro” inmediato para millones de personas.
Desde el lado sindical, el respaldo no es menor. Representantes de trabajadores aseguran que esta medida podría beneficiar a más de 30 millones de empleados formales. En términos prácticos, significaría recibir más dinero neto justo en una época donde los gastos se disparan.
Aquí hay un punto clave para entender cómo funcionan estas decisiones: el ISR es una de las principales fuentes de ingresos del gobierno. Entonces, cualquier exención implica dejar de recaudar dinero. Por eso, este tipo de propuestas siempre abren el debate entre apoyar directamente a la población o mantener finanzas públicas más sólidas.
Aun así, la lógica detrás de la iniciativa es clara: fortalecer el consumo interno. Si los trabajadores tienen más dinero en el bolsillo, lo más probable es que lo gasten, lo que a su vez mueve la economía. Es una apuesta clásica en política económica, especialmente en momentos de desaceleración.
La propuesta todavía tendrá que discutirse en el Congreso, donde se evaluará su viabilidad financiera y su impacto real. Pero de entrada, pone sobre la mesa una pregunta que conecta con la vida diaria de millones: ¿debe el gobierno cobrar impuestos a una prestación que muchos consideran básica?