Cuentas pendientes: De agentes extranjeros y licencias senatoriales bajo la mesa
En el tablero del poder, los hilos se mueven siempre en la oscuridad del pasillo, mientras las luces del escenario entretienen al respetable con discursos de ocasión.
La madrugada tiene esa virtud implacable: hace que los expedientes públicos se lean mejor bajo la luz temblorosa de una lámpara cansada. Anoche, mientras el café se enfriaba en la taza, repasaba las minutas del Congreso extraordinario que arranca hoy martes. Dicen los que firman las reformas en fast track que buscan proteger la soberanía y «reformar la reforma» judicial. Pero en este oficio uno aprende temprano que cuando el río legislativo suena con tanta prisa, es porque los dueños de los votos llevan un dique en el bolsillo para inundar la parcela del vecino incómodo.
Ahí tienen la primera gran puesta en escena: la famosa nulidad de elecciones por injerencia extranjera o por las garras del crimen organizado. El papel aguanta todo, pero en las esquinas del PT y del Verde el nerviosismo se mastica lento. Tienen dudas legítimas, de esas que quitan el sueño, de que la reforma se convierta en un traje a la medida para declarar la nulidad de los comicios en los que Morena no logre coronar a sus gallos. Al final, el aliado siempre teme que el gigante despierte con hambre y decida cenarse a sus propios satélites.
Mientras tanto, en las tierras norteñas de Chihuahua, el aire arrastra olor a pólvora electoral rumbo a 2027. El citatorio de la FGR a la gobernadora Maru Campos por la supuesta incursión de agentes de la CIA y el narco se ha vuelto un melodrama de dos pistas. Ella renunció a su derecho de comparecencia especial, prefiriendo la trinchera del micrófono y el alegato de persecución política. Al otro lado del ring, los guindas ya afilan los colmillos con conferencias paralelas, mientras Andrea Chávez ya se toma las medidas para la silla estatal. La justicia, en este país, siempre prefiere el tinte de las boletas electorales al rigor del derecho.
Cruzando la frontera hacia el Pacífico, el caso de Sinaloa apesta a rancio en los pasillos de Washington. La visita del enviado estadounidense Markwayne Mullin no fue el paseo de cortesía que los boletines de prensa nos quisieron vender. El funcionario de Donald Trump vino a poner nombres y apellidos sobre la mesa: Rubén Rocha y otros nueve señalados en Nueva York por colusión con Los Chapitos. El fango ya salpica las alfombras del Senado, donde las voces del propio oficialismo le suplican en privado al legislador de Badiraguato, Enrique Inzunza, que pida licencia para no apestar la casa alta. Pero el poder en Culiacán se defiende con el silencio de quien sabe demasiado.
Por si la comedia nacional necesitara bufones de viaje, Alejandro «Alito» Moreno decidió meter a lo que queda de la dirigencia nacional del PRI en un solo autobús con rumbo a Coahuila. El despliegue, anunciado con bombos y platillos para «cazar» a los operadores de Morena liderados por Andrés Manuel López Beltrán, tiene tintes de realismo mágico. El cinismo político tiene su propia oficina de prensa, pero ver al tricolor jugando al cazador en el único bastión que le queda, financiado con el último cambio que les quedó en la alcancía, es el recordatorio de que la decadencia también se viaja en autotransporte de pasajeros.
Para cerrar el festival, desde Oaxaca el Inegi nos regala una dosis de fría realidad económica. Salomón Jara pasó de prometer una supuesta «Primavera Oaxaqueña» a tener que explicar por qué su estado se desplomó al último lugar nacional en desempeño productivo. Se acabó el encanto de las grúas y los espejismos de las megaobras federales que inflaron el presupuesto pero dejaron los bolsillos locales vacíos. Al final del día, la política no se entiende en los discursos de los templetes; se entiende en la cuenta, y esa siempre termina saliendo en números rojos para el ciudadano de a pie.
La verdad no siempre grita en el Zócalo; a veces fuma en una esquina, revisando las facturas que los poderosos pretenden esconder bajo la alfombra roja. Nos leemos en la siguiente ronda, si es que la luz de la redacción aguanta un café más.
Juan “Jhonny” Karmenta El Callejón de Karmenta
