El hijastro incómodo de Bartlett blinda su emporio de seguridad con candados de oro
La Jabalinada por Bruno Cortés
Mientras el discurso oficial predica austeridad y combate al monopolio, una oportuna investigación destapó el festín de Serprosep, la firma vinculada a Julio Antonio de Regil Abdalá. Con una sofisticada coreografía institucional, nueve dependencias federales amarraron licitaciones por 7 mil 940 millones de pesos, exigiendo requisitos tan absurdos que solo los elegidos de Polanco pudieron cumplir.
La mina de oro opera desde el aristocrático cuartel de Polanco. Desde esa misma bendita dirección fiscal, las filiales Armour King y Serprocorp operan como un imán que succiona el presupuesto de seguridad pública. El truco es de magos de alta escuela: las dependencias exigen una certificación internacional que solo expide una firma en todo el país. Así, de un plumazo y de forma «técnica», barrieron con 15 competidores que no tenían el árbol genealógico correcto.
La generosidad institucional no escatimó en ceros. El IMSS-Bienestar se voló la barda adjudicando 4 mil 920 millones de pesos para vigilar sus hospitales, mientras que el moribundo ISSSTE aportó otros 1 mil 424 millones de pesos a la causa. Hasta la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes rascó de la olla 135 millones de pesos bajo este tierno esquema de excepción. Las denuncias de los competidores duermen el sueño de los justos en la Secretaría Anticorrupción; ahí no hay prisa.
EL DATO Lo más jugoso de este banquete es que el Instituto Nacional de Migración aportó 427 millones de pesos a la filial Armour King. Sí, el mismo instituto que en el sexenio pasado le dio 500 millones a la siniestra CAMSA para vigilar la estación de Ciudad Juárez que terminó en tragedia. En este país los muertos los pone el pueblo, pero los contratos de seguridad se quedan siempre en las mismas cuentas bancarias de Polanco. ¡Salud por el negocio familiar!
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POSTDATAS: EL VENENO EN FRASCO CHICO
PD 1: La Conagua inventa el «premio al revés» para el campo La nueva joya de la corona de la burocracia es el flamante Programa Nacional Hídrico de la Conagua. En un despliegue de genialidad sin precedentes, el organismo decidió que si un agricultor se rompe el lomo, invierte su dinero y logra tecnificar su parcela para ahorrar agua, la recompensa del gobierno será… ¡quitarle el agua! La Federación busca pepenar 3 mil millones de metros cúbicos hacia el 2030 cancelando discrecionalmente las concesiones que no se usen al 100%. En lugar de premiar la eficiencia, castigan el ahorro. Con contratos recortados a plazos mínimos, la Conagua le manda un mensaje clarísimo al campo: gasta agua a lo tonto o te la quito. Genios.
PD 2: Amnesia selectiva y narco-pactos en Morelos Vaya dolor de cabeza para la gobernadora Margarita González Saravia. El expediente federal 170/226 de la FGR detalla cómo el Cártel de Sinaloa compró 11 municipios y financió campañas desde 2021. Lo mejor de la trama es la confesión del exalcalde de Cuautla, quien narró cómo el capo Júpiter Araujo, alias «El Barbas», mandó amenazar a la gobernadora exigiendo el control de las plazas. ¿Y qué hizo la mandataria? Esperó exactamente tres días después de tomarse la foto oficial con la Presidenta de la República para salir a decir que «ahí no pasa nada» y que todo es mentira. En Morelos la violencia ruge, pero la versión oficial tiene otros datos… y mucha amnesia.
PD 3: Revolución en el paraíso frijolero de Zacatecas El idilio de los productores de frijol duró menos que una promesa de campaña. Setenta y dos horas después de que los campesinos lograran que la Federación les comprara 2 mil toneladas a 27 pesos el kilo tras meses de protestas, estalló el verdadero deporte nacional: el canibalismo político. Resulta que un bloque de 300 productores ya demandó a sus propios líderes —Abraham Castro, Federico Najar y Rubén Hernández— acusándolos de guardarse los costales de acopio para repartirlos a sus cuates. Los líderes acusan complot y los de abajo acusan traición. Al final, lo único seguro es que el frijol se va a gorgojear mientras ellos se sacan los ojos.
