Abaten al Mencho en Jalisco: narcobloqueos y caos paralizan el occidente

Este domingo 22 de febrero de 2026 pasará a la historia como el día en que la balanza de seguridad en México dio un giro de 180 grados. Fuerzas especiales de la Sedena, la Guardia Nacional y el CNI abatieron en Tapalpa, Jalisco, a Nemesio Oseguera Cervantes, alias «El Mencho». Tras un choque armado de altísima intensidad, donde hasta lanzacohetes salieron a relucir, el líder criminal perdió la vida a causa de heridas balísticas mientras era trasladado de urgencia en un vuelo aeromédico hacia la Ciudad de México.

Pero lejos de que la ciudadanía respire aliviada, la situación en la región se puso a peso. La caída del fundador del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) no trajo calma, sino que pateó el avispero operativo del grupo. De inmediato se activó un «Código Rojo» que derivó en al menos 21 narcobloqueos simultáneos en carreteras de Jalisco, un efecto dominó que rápidamente estranguló las vialidades en Michoacán, Nayarit, Colima, Guanajuato, Aguascalientes y Tamaulipas.

Para el ciudadano de a pie, el transporte se volvió una pesadilla de la que no hay escapatoria fácil. Los pasajeros de terminales de autobuses y aeropuertos, desde Guadalajara hasta Puerto Vallarta, se quedaron con el ojo cuadrado al ver sus corridas y vuelos cancelados de tajo. Mientras columnas de humo negro oscurecían el horizonte, algunas autoridades aeroportuarias calificaron el miedo de los viajeros como simple «psicosis», una desconexión total con el terror tangible que se respiraba en las calles.

Esta parálisis no fue producto del azar, sino de un cálculo táctico. Llama poderosamente la atención que, entre el caos, el grupo armado orquestó ataques directos contra aproximadamente 20 sucursales del Banco del Bienestar. Este acto trasciende el vandalismo; es un mensaje semiótico duro y directo dirigido a la línea de flotación de los programas sociales del gobierno federal, dejando claro que tienen la capacidad de incinerar la infraestructura que sostiene a los sectores más vulnerables.

Para entender el tamaño del hueco que queda, hay que ver el historial del personaje. Nacido en Aguililla, Michoacán, Oseguera construyó desde 2010 un imperio criminal que capitalizó la caída de capos de la vieja escuela. Con una estructura paramilitar, se convirtió en el objetivo número uno del hemisferio, acumulando recompensas que marean a cualquiera: 15 millones de dólares en Estados Unidos y 300 millones de pesos por parte de la Fiscalía General de la República (FGR).

A pesar del anuncio oficial, en la calle y en el ruido de las redes sociales impera el «hasta no ver, no creer». La presidenta Claudia Sheinbaum mantuvo su distancia política, cediendo la vocería del operativo al Gabinete de Seguridad. Esta falta de una confirmación gráfica y pericial ha alimentado el escepticismo crónico del mexicano, quien, curtido por años de simulaciones, exige pruebas contundentes antes de comprar la narrativa de que el capo supremo ha dejado de existir.

Lo que verdaderamente quita el sueño a los especialistas es la inminente rebambaramba por la sucesión. Con los herederos naturales y hermanos en prisiones de alta seguridad o extraditados, el vacío de poder anticipa un choque de trenes en la cúpula. De un lado se perfila Jessica Oseguera, «La Negra», quien conoce las entrañas financieras de la organización; del otro, se asoma Audias Flores Silva, «El Jardinero», el operador de la fuerza bruta y los laboratorios clandestinos que difícilmente acatará órdenes desde un escritorio.

Esta tormenta perfecta se agrava porque el cártel trae las arcas golpeadas. Recientemente, el Departamento del Tesoro de EE. UU. (OFAC) y autoridades financieras les aplicaron un torniquete implacable: congelaron redes de lavado de dinero operadas por mafias asiáticas y desmantelaron su lucrativo esquema de fraudes inmobiliarios y tiempos compartidos en Vallarta. Un ejército paramilitar sin flujo de efectivo rápido es una bomba de tiempo que suele buscar financiamiento en la extorsión y el secuestro ciudadano.

Por lo pronto, la recomendación de oro para la banda que vive o transita por el occidente de la República es no jugarle al valiente. Este lunes las clases presenciales amanecen suspendidas en Jalisco y Nayarit, los eventos deportivos de peso están congelados y la actividad logística en puertos como Manzanillo opera con alfileres. Las aguas tardarán en retomar su cauce, y mientras las autoridades no garanticen el libre tránsito, lo más prudente es mantenerse resguardado y al pendiente de la información oficial.

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