Groenlandia apuesta por la OTAN ante presiones de Estados Unidos

Por Juan Pablo Ojeda

 

El debate sobre el futuro de Groenlandia volvió a encenderse esta semana, luego de que su gobierno dejara clara una postura que va más allá de lo simbólico: la defensa del territorio debe recaer en la OTAN y no en decisiones unilaterales de ningún país, incluido Estados Unidos. El mensaje llega en un contexto delicado, marcado por el interés del presidente estadounidense, Donald Trump, en esta isla estratégica por razones de seguridad nacional.

El gobierno groenlandés recordó que Groenlandia forma parte del Reino de Dinamarca y, por tanto, de la Mancomunidad que integra a la OTAN. Bajo esa lógica, la seguridad del territorio ártico debe resolverse dentro de la Alianza Atlántica, con reglas claras, cooperación multilateral y respeto a los acuerdos internacionales. No se trata solo de una cuestión militar, sino de soberanía y de orden internacional.

La postura se vio reforzada por el respaldo reciente de seis países europeos miembros de la OTAN —España, Francia, Alemania, Italia, Reino Unido y Polonia— que coincidieron en que la defensa de Groenlandia debe fortalecerse desde la alianza y no desde iniciativas aisladas. Para el Ejecutivo groenlandés, este apoyo confirma que existe un interés común entre los aliados, incluido Estados Unidos, en preservar la estabilidad de la región ártica.

Mientras tanto, la diplomacia se mueve. Esta semana está prevista una reunión en Washington entre el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, y los responsables de política exterior de Dinamarca y Groenlandia. El encuentro se da en medio de un clima de tensión política, que el propio presidente autonómico de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, calificó como “grave”, aunque subrayó que mantiene un diálogo permanente con aliados y socios.

Más allá de los gobiernos, el mensaje político interno fue contundente. Los cinco partidos representados en el Parlamento groenlandés cerraron filas en una declaración conjunta para defender el derecho de los habitantes de la isla a decidir su propio futuro. El documento es claro: ninguna potencia extranjera puede imponer su voluntad sobre Groenlandia, y cualquier decisión debe tomarse conforme al derecho internacional y al Estatuto de Autonomía.

Este episodio deja ver un tema de fondo que también resuena en países como México: la defensa de la soberanía frente a presiones externas. Groenlandia, con una población pequeña pero un valor geopolítico enorme, busca blindarse no con confrontación directa, sino apostando al multilateralismo, al derecho internacional y a los equilibrios que ofrece una alianza como la OTAN. En un mundo cada vez más tenso, el mensaje es claro: la seguridad no puede construirse pasando por encima de la autodeterminación de los pueblos.

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