Magdalena Núñez llama a reconstruir paz ante crisis social

 

Por Bruno Cortés

 

En medio de un contexto marcado por la violencia, las desapariciones y el crecimiento de las adicciones, la diputada Magdalena Núñez Monreal puso el dedo en la llaga: el problema no se va a resolver solo con leyes. Desde la Cámara de Diputados, lanzó un llamado a que gobierno y sociedad trabajen juntos para reconstruir el tejido social que, según advirtió, está cada vez más debilitado.

Durante la inauguración de la Mesa Nacional para el Proceso de Paz en México, la legisladora dejó claro que hablar de paz no es solo pensar en que no haya violencia. Se trata, dijo, de un derecho humano que el Estado debe garantizar, pero que también necesita de la participación activa de la gente. En pocas palabras, no basta con que el gobierno actúe si la sociedad no se involucra.

Y aquí entra un punto clave de política pública: muchas veces se piensa que aprobar leyes es suficiente para cambiar la realidad, pero en temas como la seguridad o las adicciones, eso solo es una parte del rompecabezas. Núñez Monreal insistió en que se necesitan cambios de fondo, estructurales, que ataquen las causas y no solo las consecuencias.

Uno de los temas que más preocupan es el de las adicciones. La diputada explicó que no se trata únicamente de un problema de consumo o de sustancias, sino de un reflejo de algo más profundo: falta de oportunidades, especialmente para jóvenes, y una sociedad que cada vez rompe más los lazos comunitarios. Es decir, el problema no empieza en la droga, sino en el entorno.

En la misma línea, el diputado Adrián González Naveda calificó esta situación como una de las heridas más dolorosas del país. Advirtió que si no se atiende a tiempo, podría afectar seriamente a las nuevas generaciones. Y ahí es donde entran actores que pocas veces se visibilizan: consejeros, terapeutas y quienes trabajan directamente en la rehabilitación, a quienes llamó la primera línea de defensa.

La discusión también sumó voces de especialistas. Desde el ámbito de prevención, derechos humanos y atención directa, coincidieron en algo: reducir las adicciones a una decisión individual es simplificar demasiado el problema. Factores sociales, económicos y hasta culturales juegan un papel determinante.

Incluso desde organismos como la Comisión Nacional de los Derechos Humanos se subrayó que este tema debe tratarse como un asunto de salud pública y de derechos humanos, no solo como un tema de seguridad. Esto cambia completamente el enfoque: en lugar de castigar, se trata de prevenir, atender y acompañar.

Al final, el mensaje que quedó es claro y directo: México enfrenta una crisis compleja que no se va a resolver con soluciones simples. Se necesita coordinación, políticas públicas integrales y, sobre todo, voluntad de todos los sectores para empezar a reconstruir una sociedad más sólida.

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